El silencio consciente

Hoy la entrada va a ser diferente, hoy quiero compartir con vosotros una reflexión. De hecho, esta va a ser la última entrada que haré para la asignatura estrictamente, pues mi intención real es continuar con esto, creo que me puede ayudar mucho. De pequeña mi abuela me regaló un cuaderno en blanco y ahí estuve escribiendo como un diario todos los días. Ahora también lo hago, pero menos, por lo que esto puede ayudarme mucho. Me gusta escribir, me relaja y me hace desahogarme. 

EL SILENCIO CONSCIENTE

Yo soy una persona muy nerviosa, inquieta e intensa. Además, desde hace unos años, mi vida, mis días y mi agenda han ido llenándose. Todo comenzó en 4º de la ESO: aparte de ir al colegio y la academia de inglés, me apunté a natación. Después me pidieron que ayudara en la parroquia dando clases a niños que necesitaban apoyo, sin ningún beneficio económico. También tenía catequesis de confirmación los viernes, los domingos iba a misa, hacía planes con mi familia y conocí a mi novio. Poco a poco mis días, mis semanas y mi agenda estaba cada vez más apretada. Nunca paraba: me levantaba a las siete para ir al colegio, después volvía corriendo a casa a comer y luego corría hacia la academia de inglés. Volvía a casa un rato para luego salir a dar clase en la parroquia y luego volver a casa para estudiar y hacer los deberes, cenar y dormir. Toda mi semana era una larga lista de cosas que hacer y tareas que cumplir. 

En 1º de Bachillerato la cosa se complicó algo más: dejé la natación y el voluntariado en la parroquia. Pero a cambio comencé a dar clases a tres niñas y a cuidar a otros niños por las noches. Claro, era más mayor y tenía que ganar mi propio dinero ya que mis padres no pueden pagármelo todo. Y lo mismo mismo pero en 2º de Bachillerato más caos aún. 

El año pasado fue el peor año de mi vida. Debido a todo lo que hacía durante la semana, cada día, comencé a sentir que la que iba a las cosas no era yo, sino que iba mi cuerpo. Me sentía un robot que cumplía con una larga check-list y debía llegar a todo, darme a todos, alegrar a todos, satisfacer a todos y seguir siendo divertida, alegre, animada e ingeniosa. Además tenía que sacar buenas notas para llegar a la nota esperada y poder entrar a la Universidad pública. Mis días en 2º de Bach eran estos: colegio, biblioteca, academia de inglés, casa, dar clase, casa, cuidar, dormir. Y las últimas semanas antes de la PAU, cuando no teníamos colegio, era biblioteca todo el día prácticamente. 




En estos vídeos podéis ver los horarios que me hacía yo misma. Eran calendarios muy visuales donde me ponía todas mis responsabilidades y luego lo que iba a estudiar, marcado por franjas de horas en específico para cada asignatura. En el segundo vídeo vemos que le ponía una solapa porque a veces no me cabía en el cuadrado todo lo que tenía que hacer en un día.

Como he dicho, fue el peor año de mi vida. No sabía quién era yo, no me encontraba, no me escuchaba a mí misma, no tenía tiempo para parar. 
En catequesis intentaba centrarme y hacer silencio en mi interior, pero no podía, mi cabeza se iba a otras millones de cosas que tenía que hacer o que no había hecho, o estaba tan cansada del día que solo pensaba en irme a dormir. En mi familia no me sentía yo, con mi novio no me sentía yo, con mis amigos tampoco, en mis estudios tampoco... es cierto que en los únicos lugares donde me sentía bien era cuidando a los niños y dando clases particulares. Pero no me sentía bien por dentro. La calma es el don del que nunca puedo disfrutar y siempre lo he pasado muy mal con eso. 

Con todo esto sobre mis hombros, yo misma me decía "cuando termine la PAU cogeré todas las piezas de África que están en el suelo desperdigadas y volveré a ser yo".


Y llegó el momento, terminamos el último examen el 6 de junio salimos de clase eufóricos, felices y contentos, además mi novio vino de sorpresa y me trajo flores. Fue en ese momento cuando me sentí libre. Cabe destacar que mi clase justo hizo la PAU en la Facultad de Educación de la UCM, es decir, donde estudio ahora. 




El verano pasado fue el mejor verano de mi vida. Verdaderamente me reencontré a mi misma. Sin embargo, algo siempre me faltaba: el silencio consciente. 

Y es que yo solo paraba toda mi rutina con el móvil, encerrándome con Instagram o YouTube, un vídeo tras otro sin parar. Yo solo hacía silencio para dormir, y casi ni eso, porque estaba con el móvil antes de acostarme o escuchaba música. 

Llegamos a hoy, primero de carrera de Infantil y Primaria. Mi vida ha cambiado mucho mucho, como nunca. Y de nuevo, lo he pasado muy mal. No ha sido hasta noviembre cuando realmente me he acostumbrado a mi nuevo modo de vida. 


He tenido que dejar de dar clases particulares porque estoy en turno de tarde y no hay hueco. Mi horario ha cambiado totalmente, se ha dado la vuelta y yo no sabía cómo responder. Si me despertaba tarde podía descansar pero no veía a mis hermanas ni a mis padres más que por la noche cuando llegaba hipercansada. Entonces decidí levantarme a las 7 de la mañana todos los días para poder estar con ellos aunque sea una hora. 

Los primeros meses todo se me vino encima. Horario de tarde, clase todos los días, ya no podía trabajar (dando clase), mis horarios no coincidían con mi familia, la uni ya no estaba a 10 minutos como mi colegio, nuevas personas de sitios totalmente diferentes... Me sentí muy muy pequeñita. 

Me volví a apuntar a piscina, me intenté adaptar a todo lo nuevo de golpe, pues no fue nada gradual. De repente me contrataron en mi academia de inglés de toda la vida: toda la semana, de lunes a viernes de 12:00 a 14:00, por lo que llegaría tarde a primera hora todos los días. 

Al principio las clases de la universidad se me quedaron muy grandes, sentía que los profesores eran las personas más inteligentes que había escuchado nunca, y que me pedían algo que yo nunca sería capaz de dar. Por ejemplo, en esta asignatura me pasó eso mucho, como no me daba tiempo a mí ni para ni un segundo, parar y crear otra vez se me hacía imposible. Pero finalmente pude, y mi primer obstáculo ya ha pasado, ya lo he pasado. 


Espero que leyendo todo esto os hayáis sentido agobiados, inquietos, tensos... no es a malas JAJA pero así es como me siento yo todos los días. El torbellino de mi vida me lleva con él a todas partes, no puedo separarme de mí. 

Y, ¿a qué quiero llegar con todo esto? Con todo esto quiero llegar al silencio consciente. Quiero hablaros sobre él porque el silencio consciente es la clave de esta sociedad. 

Vivimos sin parar, sé que no soy la única con este tipo de vida tan ajetreada, y por eso quiero compartir esto con vosotros, a los que también os pasa. Hacer silencio conscientemente, parar, frenar y pensar. Es vital llevar una vida ordenada, una vida con sentido y una vida en la que verdaderamente seas partícipe y no espectador. No dejar que la vida pase por nosotros, sino pasar nosotros por la vida. 

No solo hacer silencio cuando estás durmiendo, porque eso es lo que hago yo y no me ayuda durante el resto del día. Hacer silencio aposta, entrar dentro de tí, valorar lo que has vivido, relfexionar sobre lo que has hecho, pensar en lo que harás, pero con calma. Ver la vida, ver la calle, ver los rostros, escuchar a las personas de tu alrededor, escuchar el sonido de la naturaleza, y no escuchar nada. 

Aquí os dejo algunas fotos que he hecho a lo largo del tiempo y que me transmiten calma, que son agradables a la vista y que me hacen sentir muy bien. 



Todas las imágenes son hechas por mí en diferentes sitios: España (Madrid, Valencia y Jaén), Italia (Asís y Roma) y Portugal (La Albufeira). 

Llevemos esto a la educación: 

Actualmente las familias ponen en el centro de todo a sus hijos, y creo que eso es un error. Si ponemos en el centro a los niños ellos creerán que son lo más importante y que sus necesidades, peticiones y caprichos van por encima de todo. Los niños son uno de los dones más maravillosos de esta vida, pero no son el centro. Un matrimonio no puede perderse en sus hijos, ni una maestra en sus alumnos. Los niños son parte de nuestra vida y tenemos que educarlos junto a nosotros, no por delante de nosotros. 

Ahora creemos que tenemos que ser sus bufones, amigos, y distractores personales, que sin nosotros van a estar "poco estimulados" y no se van a desarrollar bien. Creemos que no pueden estar sin hacer nada, que siempre tienen que tener un juguete en la mano o que siempre tienen que estar riéndose a carcajadas. Y como somos seres humanos, por lo tanto limitados, no podemos llegar a todo esto y seguir con nuestras otras responsabilidades, muchas veces les damos nuestro móvil o una tablet y así "no se quejan ni molestan."

En mi opinión es bueno, muy bueno de hecho, que se aburran, que jueguen solos, que jueguen con sus hermanos, que jueguen con sus amigos... Que no hagan nada, que observen, que descubran, que exploren... Si los adultos estamos encima todo el tiempo, el niño no va a desarrollar autonomía, no va a verse capaz de hacer cosas solo y esto podría llevar a una mala socialización futura en el colegio o a no poder aprender bien. 

Las profesoras son una pieza clave en esto, dan espacio para que los niños jueguen solos y con otros niños, dan espacio para explorar, preparan situaciones para que los niños descubran por sí mismos, y así aprenden. 

Los niños tienen mucha energía pero no son capaces de controlarla muchas veces, por lo que enseñarles a parar conscientemente y regularse es muy bueno para ellos. 


En conclusión, tanto para adultos como para niños, creo que es bueno parar y hacer un silencio consciente. 

Muchas gracias por leerme, y por apoyarme. Este blog ha significado mucho para mí y me ha ayudado mucho. Nos vemos!!

- África Sobreviela Camacho. 


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